MÉXICO HOY, ¿DESTINO CONFIABLE PARA
INVERSIONES? , O SÓLO EL REFLEJO DE UNA POLÍTICA ECONÓMICA Y FINANCIERA EN
DECADENCIA.
Lic. Liza Nava Rodríguez.
Abogada Senior
Grupo Farías.
Abogados Tributarios.
En el afán de desarrollo y consolidación de políticas
económicas y financieras sanas, ante una
eminente crisis mundial, además de otros factores, la política en México aún continúa
a la expectativa de la suerte que sigan otras economías alrededor del mundo,
especialmente con aquellas con la que sostiene un estrecho vínculo comercial,
siendo en consecuencia que se tienen más retos que oportunidades para los
inversionistas potenciales en nuestro país y lo único que provocan es un clima
de desconfianza que en lugar de brindar propuestas o incentivar la inversión
tanto nacional como extranjera, la ahuyentan.
Ciertamente existen grupos de poder que se han encargado
de formar alianzas para promover la inversión en México, sobre todo aquella
proveniente de economías “estables” o notoriamente más desarrolladas que los
países en Latinoamérica, poniendo a México como ejemplo, sin embargo, pasan por
alto la insolvencia actual de cada país participante y tratan de abordar sólo
el aspecto de la retribución a largo plazo, sin considerar que en esta época
serán quizá más los retos que las oportunidades en el actual clima económico.
¿Cuáles son entonces los derechos de protección de los
participantes en un proyecto determinado?. ¿Se habrá contemplado un esquema de
ayuda en caso de insolvencia?. Como vemos, el desafío es aún mayor, ya que
implica más allá de que si se desea o no abrir la puerta a esta forma de
inyección de recursos a nuestro país, también lo es que se prevean los casos en
que la oportunidad se ponga en contra de la propia inversión y promoción
nacional, independientemente de ostentemos un tercer lugar mundial como
receptores de inversión extranjera proveniente de países desarrollados.
Entonces, los incentivos, principalmente en la inversión,
de igual medida deben enfocarse a los
que internamente mantienen circulante la actividad del país, aunque
lamentablemente el ánimo del gobierno y la estructura para esta actividad
interna nacional no empata con la que se programa en el plano internacional, lo
cual desde nuestro particular punto de vista sólo la detiene.
Si evaluamos entonces el impacto que tiene en el
inversionista interno que la mayoría de los esfuerzos de política económica
vayan encaminados a ver el potencial en
los actores externos, sin lugar a duda es desalentador, más aún para los
sujetos que directamente se están viendo afectados por tal fenómeno, tomando en
cuenta que en un margen de competencia, el contender con las grandes
multinacionales, y más si éstas son de fuente Estadounidense, en más del 57%
principalmente en la industria manufacturera, puede no ser del todo equitativo[1].
Es entonces, el gobierno mexicano está corriendo un
riesgo con estas políticas para el ciclo actual, mismas que provocan un
desplazamiento para la inversión nacional de forma anticipada y a su vez limitan
o coartan cualquier potencial de inversión para otro ramo más allá de aquél que
se ubica en el plano de grande contribuyente.
¿Acaso no sería mejor que previo a decir sí a la
inversión extranjera en un sector determinado, se realice un estudio de fondo
sobre las condiciones que debe cumplirse para que el efecto sea positivo y no
lo contrario?, siendo así, que la política de inversión sea encaminada en su
mayoría, a aquellos sectores en los que los inversionistas nacionales no tienen
la posibilidad de hacerlo, por no contar con la tecnología o los recursos idóneos
y no, en caso contrario, porque no les sea permitido.
Ahora, como consecuencia de lo anterior y una vez que se
tengan las cifras reales de los sectores en que la inversión nacional está
imposibilitada para proveer o satisfacer esa necesidad, realizar un proyecto
interno, que vaya encaminado a cambiar esa circunstancia para que en lo futuro
sea inyectado el capital de una manera proporcional entre lo interno y lo
externo, en lugar de únicamente mantener esta necesidad subsistente por mera
costumbre.
En conclusión, hoy en día México pasa por una época de
transformaciones, pero no es ciego sobre las necesidades en su reestructura
tributaria y presupuestaria. No obstante ello, las políticas de atracción de
inversión deben fortalecerse, puesto que a diferencia de los países
desarrollados, pareciera que la política en este rubro sigue las reglas de los
emergentes, sin embargo, la confianza del exterior se ha solidificado y por
ello, existen grandes capitales invertidos en nuestro país. Lo que debemos
proteger y tutelar, es que la inversión no se desplace o castigue a México por
las transformaciones que hemos mencionado, por lo que debemos ver como una
oportunidad de mejora el promover y tutelar el gran aparato económico de una
actividad determinada, disminuyendo los privilegios para unos cuantos y
extendiendo a todos los que estén dispuestos
a invertir en nuestra nación, los beneficios de una adecuada política
interna.
[1] Fuente tomada
del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), así como de